En esta página encontrarás análisis de temas culturales, políticos y de actualidad, además de experiencias y opiniones que buscan un lugar seguro para generar reflexión y diálogo. Descubre contenido auténtico, bien investigado y pensado para lectores curiosos como tú.

Tron Ares, entre herencias digitales y nuevos sistemas

 Publicado por Alex Jacometti 



        Mi primera experiencia con el universo Tron fue con Tron: El legado. En ese momento no sabía que era una secuela ni que existía toda una franquicia detrás; simplemente llegué a la película atraído por su estética futurista y su atmósfera digital. Recuerdo que me fascinó la historia de Sam Flynn, el hijo del legendario Kevin Flynn, fundador de la compañía de videojuegos ENCOM. 

Sam, heredero reacio de ese imperio tecnológico, se niega a aceptar la herencia de un padre desaparecido. Lo suyo es más bien la rebeldía: infiltrarse en la empresa para exponer sus contradicciones, como si quisiera sabotear la maquinaria que lo había creado.

Esa tensión entre la herencia y la negación, entre el creador y la criatura, me pareció profundamente humana. Cuando Sam descubre una señal oculta proveniente del antiguo taller de su padre, se adentra en el mundo digital del Grid —esa realidad paralela diseñada dentro de ENCOM— y se encuentra con una versión distorsionada de las ambiciones de su padre. Es un viaje hacia un universo donde los programas tienen rostro humano y donde el control reemplazó la libertad. Tal vez fue porque la vi en una etapa más impresionable de mi vida, pero esa película me marcó. Su banda sonora, creada por Daft Punk, me pareció una obra maestra: hipnótica, inmersiva, casi espiritual. Es de la poca música electrónica que realmente me gusta, porque allí no era solo ritmo, sino atmósfera.

Años después, me enteré de que El legado no era la original. Así que decidí ver la primera Tron de 1982, para comprender mejor lo que había visto. Y fue curioso: mientras la segunda parte me había impactado con su estética, la primera me resultó densa, más concentrada en diálogos que en acción. Tal vez mi mente, acostumbrada a los estímulos visuales de mi generación, no estaba preparada para un ritmo tan pausado. Admiré su innovación técnica, sí, pero no encontré esa chispa emocional ni una música que me atrapara como la de Daft Punk.

Y así llegamos a este sábado de octubre, en el que fui a ver Tron: Ares. Salí con sentimientos encontrados. Como muchas producciones recientes de Disney, la película intenta actualizarse a los tiempos modernos, pero en ese esfuerzo pierde parte de la continuidad emocional que había dejado El legado. El hijo de Flynn, Sam, desaparece por completo del frente de la historia, y en su lugar aparece una nueva protagonista —una mujer con rasgos asiáticos— que asume el rol de salvadora del sistema. No me molesta el cambio de foco, pero sí la falta de conexión: ¿qué pasó con Quorra, la misteriosa programada que en El legado cruzaba al mundo real? ¿Dónde quedaron las preguntas que esa historia abría sobre lo que significa ser humano o ser creado?

Esta nueva entrega parece querer hablar de poder, inteligencia artificial y trascendencia, pero a veces cae en la misma trampa que critica. Jared Leto encarna a Ares, una inteligencia artificial “elevada”, casi mesiánica, pero sin la complejidad emocional que tuvieron los Flynn. Es cierto que en Ares los personajes femeninos ya no están sexualizados como en muchas producciones anteriores —un paso importante—, pero al mismo tiempo la narrativa retrocede a ciertos roles tradicionales de género. En un intento por ser menos “woke”, la historia termina siendo menos audaz.

Visualmente, Tron: Ares es impresionante: hay secuencias que capturan la belleza geométrica del Grid y que mantienen viva la esencia visual de la saga. Musicalmente, sin embargo, no alcanza la potencia de El legado. La banda sonora acompaña, pero no eleva. Falta ese pulso electrónico que hacía vibrar la experiencia completa.

En resumen, Tron: Ares es más entretenida que la Tron original, pero no logra superar el equilibrio entre emoción, espectáculo y filosofía que El legado alcanzó hace quince años. Tal vez no sea culpa de la película, sino de que aquel brillo, esa mezcla de asombro y sonido que me marcó, pertenece a otra época: una en la que creía que el mundo digital aún podía ser un sueño y no solo un sistema más.


Sobre el autor:  

Alex Jacometti es escritora y editora especializada en cultura y viajes. Le apasiona compartir historias que inspiran.


Posts Populares

Archivos del Blog

Buscar este blog