Entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre: tradiciones que celebran la vida y la memoria en distintas culturas
Publicada por Alex Jacometti
Entre finales de octubre y los primeros días de noviembre, el mundo entero parece detenerse por un instante. En distintos rincones del planeta, las personas celebran, recuerdan, agradecen o simplemente reflexionan sobre el paso del tiempo, la muerte y la vida. Mientras en algunos países las calles se llenan de disfraces y calabazas, en otros se encienden velas, se preparan altares o se levantan barriletes gigantes que viajan al cielo.
Estas fechas no son solo un motivo de fiesta: son una forma en que la humanidad dialoga con lo invisible, honra la memoria y reafirma su vínculo con la naturaleza. Desde el antiguo festival celta de Samhain hasta el Día de los Muertos en México, cada tradición guarda un mensaje común: celebrar la vida a través del recuerdo.
Halloween: una celebración de transformación y gratitud
Ver: vídeo sobre el origen de Halloween.
Este video ofrece una mirada entretenida y educativa sobre los orígenes de Halloween.
Halloween, tal como lo conocemos hoy, tiene su raíz en el festival celta Samhain, que marcaba el fin de la cosecha y el inicio del invierno. Según Britannica, los celtas creían que durante esta noche el velo entre el mundo de los vivos y el de los espíritus se hacía más delgado, permitiendo el encuentro entre ambos planos.
El fuego, símbolo de protección, era central: se encendían hogueras para agradecer por los frutos del año y para guiar a los antepasados hacia los hogares. Aquella espiritualidad fue transformándose con el tiempo, especialmente cuando la Iglesia cristianizó la fecha como All Hallows’ Eve, la víspera del Día de Todos los Santos.
Hoy, Halloween se vive con disfraces, luces y dulces, pero su esencia sigue siendo la misma: honrar el cambio y reírse del miedo. Según Britannica, las máscaras y trajes nacieron como símbolos para desafiar a la oscuridad y representar la capacidad humana de reinventarse.
Más allá de las lecturas moralistas o supersticiosas, Halloween puede reivindicarse como un espacio de creatividad, comunidad y conexión con los ciclos de la naturaleza. No es una exaltación de lo oscuro, sino un recordatorio de que la vida y la muerte son parte del mismo tejido.
Día de la Mascarada Tradicional Costarricense: identidad entre risas y sustos
En Costa Rica, el 31 de octubre se celebra el Día de la Mascarada Tradicional Costarricense, una fecha que rescata uno de los símbolos más alegres del folclore nacional. Las calles se llenan de color, música y personajes gigantes que representan al diablo, la muerte, el policía o la giganta.
Según el Sistema de Información Cultural de Costa Rica (SICultura), esta festividad fue declarada manifestación cultural en 1996 para proteger un arte popular que nació en los barrios y pueblos del Valle Central. Las mascaradas son más que una diversión: son una expresión de identidad colectiva que combina humor, historia y crítica social.
El Ministerio de Cultura y Juventud destaca que detrás de cada máscara hay un artesano que moldea, pinta y da vida a personajes que mezclan lo mítico con lo cotidiano. Es una tradición viva que, lejos de competir con Halloween, dialoga con ella desde la creatividad y la risa.
Mientras en otras partes se encienden velas o se reparten dulces, en Costa Rica las mascaradas bailan al ritmo de cimarronas, demostrando que la alegría también es una forma de recordar.
Día de Muertos: la memoria que florece en México
Del 1 al 2 de noviembre, México se cubre de flores de cempasúchil, papel picado y aroma a pan dulce. Es el Día de Muertos, una de las celebraciones más emblemáticas del continente. En 2008, la UNESCO reconoció esta festividad como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por su profundo significado espiritual y comunitario.
A diferencia de la tristeza que muchas veces acompaña a la muerte, el Día de Muertos invita a celebrar el retorno simbólico de los seres queridos. Los altares se decoran con fotografías, velas y los platillos favoritos de quienes partieron, porque se cree que sus almas regresan para disfrutar de una noche entre los vivos.
Ver: breve video sobre el Día de los Muertos en México.
Este video aporta una mirada popular y cultural sobre cómo se vive esta tradición.
De acuerdo con Rough Guides, esta fecha combina raíces indígenas y cristianas, reflejando una cosmovisión donde la muerte no es un final, sino un cambio de forma. Es una celebración que mezcla arte, fe y memoria en una de las expresiones culturales más coloridas del mundo.
Todos los Santos y los Fieles Difuntos: la tradición que une a Europa y América
El 1 de noviembre, millones de familias en Europa y América Latina visitan los cementerios para honrar a sus muertos. Es el Día de Todos los Santos, una tradición que se remonta al siglo IV y que se extendió con la expansión del cristianismo.
Durante siglos, esta fecha se convirtió en un símbolo de respeto, comunidad y encuentro familiar. En muchos pueblos, se limpian las tumbas, se colocan flores y se comparten comidas típicas. En algunos países, como España y Filipinas, es común preparar dulces conocidos como huesos de santo, mientras que en Bolivia y Perú se elaboran panes en forma de figuras humanas.
El 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, las oraciones y procesiones llenan los cementerios de luz. Aunque la solemnidad predomina, también hay un aire de gratitud: recordar es una forma de mantener viva la historia.
Barriletes gigantes y fiambre: tradición guatemalteca de conexión con el cielo
En Guatemala, estas fechas adquieren un aire poético. En los municipios de Santiago y Sumpango, los pobladores elaboran barriletes gigantes de colores intensos que se elevan el 1 de noviembre. Se dice que estos barriletes sirven para comunicar mensajes de amor y gratitud a los espíritus.
Cada barrilete, hecho a mano con papel y bambú, puede medir más de 15 metros de diámetro y representa meses de trabajo comunitario. La UNESCO también ha reconocido esta práctica como parte del patrimonio cultural inmaterial del país.
Ese mismo día, las familias comparten el tradicional fiambre, un plato que mezcla decenas de ingredientes —embutidos, vegetales, quesos y encurtidos— como símbolo de unión familiar. Cada bocado es un recuerdo, un hilo que conecta generaciones.
Haití y el Fet Gede: el espíritu que danza
En Haití, el 2 de noviembre se celebra el Fet Gede, una festividad del vudú dedicada a los ancestros. Las personas visitan los cementerios, bailan, cantan y hacen ofrendas con ron y chiles picantes para honrar a los espíritus guardianes.
Aunque para muchos fuera del país esta práctica puede parecer misteriosa, en realidad es una muestra de espiritualidad profunda y conexión con los orígenes africanos del pueblo haitiano. El Fet Gede celebra la continuidad de la vida y el poder de la memoria colectiva.
Un hilo común: recordar para seguir vivos
Aunque cada país tiene su forma única de celebrar entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre, todas estas tradiciones comparten una misma esencia: agradecer, recordar y reconciliarse con el ciclo natural de la existencia.
Lejos de ser días de miedo o tristeza, estas fechas invitan a mirar la muerte como parte de la vida.
Desde el fuego del Samhain hasta las flores del Día de Muertos, desde las máscaras costarricenses hasta los barriletes guatemaltecos, el mensaje es el mismo: la memoria nos mantiene humanos.
En un mundo que suele temer al silencio o evitar el duelo, estas celebraciones son actos de resistencia cultural. Nos enseñan que, al recordar a los que ya no están, nos recordamos a nosotros mismos: nuestra historia, nuestras raíces y nuestra capacidad de transformar el dolor en arte, en risa y en esperanza.
Alex Jacometti es escritora, narradora y creadora de contenidos en “Desde mi lente”.