Lluvia negra cae sobre Tehran
Cortesía de infobae
Una lluvia negra cae sobre Tehran. Quema la piel y causa ardor en los ojos de los humanos. Daña los pulmones. Destruye las hojas de los árboles y de los cultivos. Mata a los insectos y los peces en los ríos. Contamina el suelo. Por las calles de Tehran corren ríos de llamas.
Para muchos grupos cristianos, y hasta los medios de comunicación, estas escenas de destrucción traen a la mente los textos apocalípticos del Nuevo Testamento. Algunas de las imágenes más fuertes de destrucción encontramos en la segunda carta de Pedro en su tercer capítulo, en donde todo en la tierra y hasta los cielos serán destruidos por fuego. No se sabe mucho sobre el origen de esta carta, uno de los últimos escritos en el Nuevo Testamento, pero es probable que fue dirigida a comunidades de refugiados en Asia Menor, a personas que habían sufrido en carne propia las fuerzas destructivas del imperio romano.
Estas corrientes de pensamiento apocalíptico surgieron en comunidades judías y después cristianas en el Medio Oriente, en ecosistemas frágiles en donde la amenaza ambiental siempre presente es el calor y el fuego. No nos deben sorprender que usaron el fuego como símbolo para las fuerzas que estaban trayendo destrucción a sus comunidades. En estos textos las comunidades no predijeron eventos futuros, sino estaban describiendo y denunciando, aun en código, las realidades opresivas que estaban viviendo.
Los poderosos que se agarraron de estos textos para justificar sus acciones bélicas se revelan como parte del sistema opresivo que la apocalíptica denuncia. Han salido informes que oficiales en las fuerzas armadas de los Estados Unidos han estado utilizando “profecías bíblicas” para decir a las tropas y a los pilotos que la destrucción que están infligiendo en Irán es parte del plan de Dios.
Pero los textos apocalípticos no son textos de destrucción, sino de promesa. La visión apocalíptica es una invitación de mirar más allá de las fuerzas destructivas actuales para percibir la actividad divina luchando a favor de la creación. El texto de la segunda carta de Pedro dice que “esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia”. (2 Pedro 3:13) La versión de Dios Habla Hoy dice que todo “será bueno y justo”. Son textos para animar a las comunidades a tener esperanza, para animarnos a tener fe. Las fuerzas de destrucción no tendrán la última palabra.
Por eso estamos aquí, reunidas y reunidos en el camino hacia Santa Marta. En estos días, el pueblo de Tehran y los otros seres vivos en esta área están sufriendo en forma muy directa por la adicción del sistema económico mundial al petróleo. Sin embargo, sabemos que la quema de los combustibles fósiles está destruyendo la capacidad de la biosfera para sostener las formas de vida que conocemos hoy. Queremos alinearnos con el Creador, con la energía divina que está buscando renovar la creación. Y estamos aquí para soñar en conjunto y comprometernos con la justicia que están exigiendo las comunidades afectadas por los extractivismos y los impactos del cambio climático.
¡Qué la Ruah divina se mueva entre nosotras y nosotros hoy!
Doctora Karla Koll
