Los feos: cuando la belleza deja de ser una elección
Hay películas que uno termina de ver y piensa: “Esto probablemente me habría encantado hace diez años”.
Eso me pasó con Los feos.
La película de Netflix, estrenada en 2024 y protagonizada por Joey King, está basada en la novela Uglies, escrita por Scott Westerfeld y publicada originalmente en 2005. La historia presenta una sociedad futurista en la que, al cumplir 16 años, las personas pasan por una cirugía que las transforma en “hermosos”. A partir de ahí, pueden acceder a una vida llena de fiestas, entretenimiento y privilegios que contrasta con la existencia de quienes todavía son considerados “feos”.
Y aquí viene mi primera impresión: sentí que esta película llegó tarde al tren de las distopías juveniles.
No porque la historia sea nueva. De hecho, el libro tiene casi dos décadas. Pero verla en 2024, después de haber pasado por Los juegos del hambre, Divergente y tantas otras historias de sociedades controladas, protagonistas adolescentes que cuestionan el sistema y gobiernos que esconden una verdad, hizo que muchas cosas de la película me parecieran demasiado obvias.
Quizás también cambió mi percepción.
Yo ya no soy la misma joven que habría visto esta película cuando estaban en su auge aquellas otras sagas. Probablemente hoy tengo una mirada mucho más crítica y menos dispuesta a aceptar como novedoso algo que ya he visto varias veces.
Aun así, hay algo en Los feos que sí me parece interesante: la manera en que utiliza la belleza para construir todo un sistema social.
Una sociedad dividida entre “feos” y “hermosos”
En este mundo, ser considerado “feo” no es simplemente una cuestión de apariencia.
Es prácticamente una condición social.
Los jóvenes viven esperando cumplir los 16 años para someterse a la cirugía que los convertirá en “hermosos”. Después de eso, pueden cruzar a la parte de la ciudad donde viven quienes ya fueron transformados y disfrutar de una vida aparentemente perfecta.
Fiestas, diversión, belleza y entretenimiento.
Mientras tanto, quienes todavía no han pasado por la operación esperan su turno.
La idea me parece interesante porque lleva al extremo algo que ya conocemos: la apariencia como una forma de pertenencia.
No se trata solamente de querer verse bien.
En Los feos, convertirse en hermoso significa entrar a otro grupo social. La cirugía no solamente modifica un rostro: cambia el lugar que esa persona ocupa dentro de la sociedad.
Y es ahí donde empecé a preguntarme qué tan diferente es realmente esa idea de algunas cosas que ya vivimos.
La lectura de Flor y los filtros que ya conocemos
Antes de escribir sobre la película, también vi el análisis que hizo Flor, del canal de YouTube Renegando con Flor, sobre Los feos. Ella encuentra algunos paralelismos con Fahrenheit 451, una comparación que puedo entender perfectamente por la manera en que ambas historias presentan sociedades donde el pensamiento y el comportamiento de las personas terminan condicionados por el sistema.
Puedes ver aquí el análisis de Flor sobre Los feos
Aunque mi cabeza terminó yéndose hacia otro lado, sí coincido con Flor en algo fundamental: la película representa bastante bien una sociedad obsesionada con construir una imagen ideal de sí misma.
Y creo que ahí está una de las razones por las que Los feos resulta mucho más actual de lo que podría parecer.
Porque nosotros no tenemos que esperar hasta los 16 años para entrar en una máquina que nos convierta en “hermosos”.
Tenemos filtros.
Tenemos edición.
Tenemos TikTok, Instagram y otras redes sociales donde podemos modificar una fotografía, cambiar nuestra apariencia y presentar una versión de nosotros mismos que quizás no se parece completamente a cómo somos en la vida real.
La diferencia es que en la película existe una cirugía que transforma físicamente a las personas y las incorpora a un modelo establecido de belleza.
En nuestra realidad, muchas veces la presión funciona de una manera menos evidente.
Un filtro nos puede cambiar la cara.
Una tendencia nos puede decir qué tipo de rostro está de moda.
Una fotografía editada puede convertirse en el estándar con el que alguien compara su propia apariencia.
Y el problema es que mientras más vemos determinadas imágenes, más fácil puede resultar pensar que esa apariencia es normal o que nosotros también deberíamos acercarnos a ella.
Eso es precisamente lo que hace que coincida con parte de la lectura de Flor: Los feos no solamente habla de una sociedad futurista. También puede leerse como una exageración de algo que ya ocurre en nuestra sociedad actual.
El propio director de la película, McG, ha hablado de la relación entre la historia y una época en la que las personas utilizan filtros y edición para presentar versiones idealizadas de sí mismas.
Y ahí la película empieza a tener mucho más sentido para mí.
Pero yo terminé pensando en Universo 25
Aquí es donde mi interpretación se separa de la comparación que hace Flor.
Mientras ella me llevó a pensar en Fahrenheit 451, yo terminé pensando en otro experimento completamente diferente: Universo 25, realizado por John B. Calhoun con ratones.
Y quiero hacer una aclaración porque esta comparación es mía.
No estoy diciendo que Los feos esté basada en Universo 25 ni que el experimento haya demostrado lo que ocurre actualmente en la sociedad humana.
Universo 25 fue un experimento de comportamiento social en el que Calhoun creó para una población de ratones un ambiente con abundante comida, agua y refugio. El objetivo era observar cómo se desarrollaban las dinámicas sociales cuando los animales vivían en un espacio limitado y con una población que aumentaba.
Con el tiempo, Calhoun observó cambios importantes en el comportamiento de los animales.
Uno de los grupos que llamó especialmente la atención fueron los llamados “beautiful ones”, o “los hermosos”. Eran ratones que dedicaban buena parte de su comportamiento al acicalamiento y se alejaban de muchas de las interacciones sociales de la colonia.
Y ahí fue donde mi cabeza hizo la conexión con Los feos.
No porque los ratones de Universo 25 fueran una versión de los personajes de la película.
La comparación es otra.
En Los feos, la sociedad convierte la apariencia, la aceptación y el entretenimiento en elementos centrales de la vida. En Universo 25, Calhoun observó cómo determinadas conductas sociales se transformaban dentro de una población sometida a condiciones específicas.
Son contextos completamente diferentes.
Pero la conexión me hizo pensar en una pregunta: ¿qué pasa cuando una sociedad empieza a darle cada vez más importancia a la apariencia y a la satisfacción inmediata?
Una conversación con un politólogo
Esta comparación también la conversé con un politólogo, quien recordó el experimento de Universo 25 y encontró sus propios paralelismos con Los feos y con la sociedad actual.
En su interpretación, los llamados “hermosos” de Universo 25 representan una etapa particular dentro de la evolución de aquella colonia de ratones: animales concentrados en el acicalamiento y cada vez más alejados de otras dinámicas sociales.
Su lectura va más allá y relaciona las diferentes etapas descritas en el experimento con comportamientos que él observa actualmente en la sociedad.
Ahí, sin embargo, prefiero hacer una separación.
Una cosa es la interpretación del politólogo y otra lo que científicamente podemos afirmar sobre Universo 25.
No creo que podamos decir que los seres humanos estamos atravesando exactamente las mismas etapas que aquellos ratones. Tampoco considero correcto utilizar el experimento como una prueba de que determinados comportamientos humanos actuales son consecuencia de un proceso idéntico.
Para mí, Universo 25 funciona mejor como una comparación que como una explicación científica de nuestra sociedad.
Y justamente así me resulta más interesante.
Porque mientras veía Los feos, no podía evitar pensar que aquella sociedad ficticia había llevado al extremo algo que nosotros hacemos de maneras mucho más pequeñas.
Ellos tienen una cirugía.
Nosotros tenemos filtros.
Ellos tienen una ciudad dividida entre “feos” y “hermosos”.
Nosotros tenemos tendencias, algoritmos y estándares que constantemente parecen decirnos qué apariencia recibe aceptación y cuál queda fuera de moda.
¿Estamos creando nuestros propios “hermosos”?
Quizás lo que más me llamó la atención no es que Los feos imagine una sociedad donde todos quieren ser bonitos.
Eso ya lo hemos visto de muchas maneras.
Lo interesante es pensar qué ocurre cuando la búsqueda de una imagen perfecta empieza a ocupar demasiado espacio en nuestra vida.
Cuando una fotografía tiene que pasar por un filtro antes de publicarse.
Cuando una persona siente que necesita modificar su apariencia para mostrarla.
Cuando las redes sociales convierten determinados rostros, cuerpos o estilos en modelos que millones de personas empiezan a reproducir.
Y cuando la aceptación parece depender de cuántas personas reaccionan a esa versión cuidadosamente construida de nosotros mismos.
La película lleva todo esto al extremo.
En Los feos, no tienes que decidir si quieres participar de ese estándar. El sistema prácticamente decide por ti.
Pero nuestra realidad tiene una diferencia que puede ser incluso más complicada: muchas veces somos nosotros mismos quienes participamos voluntariamente en esa construcción.
No necesariamente porque alguien nos obligue.
Sino porque queremos pertenecer.
Queremos gustar.
Queremos recibir aprobación.
Queremos parecernos a aquello que vemos constantemente.
Y quizá esa sea una de las partes más interesantes de la película.
El problema es que la película explica demasiado
A pesar de todo esto, sigo teniendo un problema con Los feos.
Creo que la idea detrás de la película es mucho más interesante que la película que terminó siendo.
Muchas veces sentí que me estaba explicando exactamente qué debía pensar.
Los feos son quienes todavía tienen dudas.
Los hermosos están atrapados.
La cirugía es mala.
El sistema está equivocado.
La rebelión es necesaria.
Y el secreto finalmente aparece.
Después de haber visto tantas distopías juveniles, conocemos demasiado bien esta estructura.
Por eso, mientras la veía, me preguntaba constantemente cómo habría recibido esta historia si la hubiera visto cuando era más joven.
Quizás habría sido diferente.
Quizás en aquella época me habría sorprendido mucho más.
Pero también creo que hay algo interesante en que una película destinada a un público más joven pueda parecernos obvia precisamente porque nosotros ya vimos muchas de estas historias antes.
Tal vez la película no necesariamente está intentando reinventar la distopía.
Tal vez está intentando utilizar una fórmula conocida para hablarle a una generación que vive una relación completamente distinta con su propia imagen.
¿Y qué pasa con la belleza?
Al final, creo que Los feos me interesó más por las preguntas que me hizo que por la manera en que las desarrolla.
Porque una cosa es decir que la película habla sobre aceptarnos como somos.
Y otra, mucho más incómoda, es preguntarnos cuánto de nuestra identidad estamos construyendo para nosotros mismos y cuánto estamos construyendo para que los demás lo vean.
Ahí es donde entiendo la lectura de Flor y también donde aparece mi propia comparación con Universo 25.
No creo que los filtros de TikTok sean equivalentes a una cirugía obligatoria.
Tampoco creo que los seres humanos seamos una versión de los ratones de Calhoun.
Pero sí creo que las tres cosas permiten hablar de una preocupación común: qué ocurre cuando la apariencia y la aceptación social empiezan a ocupar demasiado espacio en la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás.
Quizás por eso, aunque Los feos me haya parecido una película bastante predecible, no me parece una película carente de tema.
Su problema, para mí, no está en la pregunta que plantea.
Está en que muchas veces no se atreve a llevar esa pregunta lo suficientemente lejos.
Entonces, ¿me gustó Los feos?
Diría que me interesó más de lo que me gustó.
La historia no consiguió sorprenderme demasiado y, comparada con otras distopías juveniles que marcaron una época, sentí que llegaba tarde a una conversación que el cine y la literatura ya habían tenido muchas veces.
Pero también creo que la película tiene algo que decir sobre nuestro presente.
Quizás el futuro distópico que plantea no está tan lejos como parece.
No tenemos una sociedad donde todos reciben la misma cirugía al cumplir 16 años.
Pero sí tenemos una sociedad donde cada vez contamos con más herramientas para modificar nuestra imagen, ocultar lo que no nos gusta y construir una versión cuidadosamente seleccionada de nosotros mismos.
Y entonces me queda una pregunta:
¿En qué momento dejamos de querer vernos bien y empezamos a necesitar vernos perfectos?
Quizás esa sea la parte de Los feos que, aunque la película no haya logrado convencerme completamente, terminó resultándome mucho más interesante.
