¿Es Bayardo Arce un preso político?
Por las declaraciones que diera Juan Diego Barberena al medio de comunicación “Realidades”, donde de pasada aseguró que Bayardo Arce era un preso político y que también lo fue Humberto Ortega hasta su muerte, Juan Diego describe el contexto que da sentido a la afirmación de que Arce es un “preso político”. Mientras, los que no están de acuerdo no lo abordan desde dicho contexto. Sin embargo, esa afirmación ha causado, en una parte de la oposición y en el sector que esta representa, un rechazo a dicho señalamiento.
Motivado por esas reacciones, quiero escribir mi punto de vista, no desde una posición ingenua, sino desde mi posición política y activa. En las ciencias sociales nadie escribe desde la neutralidad; todos y todas lo hacemos desde donde estamos posicionados. Por la experiencia de lo vivido somos lo que somos y transitamos por muchas vías hasta que la muerte le pone punto final.
Ahora bien, mi posición, según cómo he visto a Bayardo: en los ochenta era uno de los comandantes de la revolución y parte del gobierno sandinista. Algunas personas y algunos extranjeros con los que tenía contacto lo llaman “comandante Ron Plata”. Con el retorno de Daniel Ortega a la presidencia, pasó a ser un “operador político”, hasta que lo marginaron, comenzando a cobrarle impuestos exagerados de sus negocios y luego confiscaron sus propiedades, las cuales había adquirido por ser parte de la maquinaria de corrupción. Y como la familia dictadora es juez y parte, no puede ser una fuente creíble. Lo acusan de haberse robado el dinero de la cooperación venezolana. Porque cuando dicen 5000 mil millones de dólares, automáticamente me recuerda la cooperación venezolana. ¿No será una táctica para lavarse la cara la pareja codictadora? Es decir, ¿echarle toda la culpa a Arce para que ellos queden limpios ante la rendición de cuentas que le deben a Venezuela, al pueblo de Nicaragua y a la comunidad internacional? No que Bayardo no sea ladrón. Las pruebas de que amasó una gran fortuna y su estilo de vida sobreabundan, porque con su salario nunca hubiera hecho esa fortuna.
Bayardo Arce se plegó al régimen orteguista no por ingenuidad, sino porque él también es corrupto. Como operador político apoyó al régimen asesino y delincuente, lo que lo convierte en cómplice. En el proceso de transición y justicia para la nueva Nicaragua postdictadura se debe llevar a cabo una investigación exhaustiva sobre los crímenes de Arce para que le caiga todo el peso de la justicia y así pagar sus crímenes, incluyendo los asesinatos de los que es cómplice.
PENSADORES DE LA TEORÍA POLÍTICA
Antes de todo, recurramos a algunos pensadores de la teoría política que escribieron sus apreciaciones, que aún hoy día nos iluminan en nuestra experiencia como seres sociales. A Aristóteles se le atribuye la frase: “El hombre es un animal político”. En su libro “La política”, Aristóteles afirma que el hombre es esencialmente un animal (naturaleza) social, racional y político. Eso es porque el hombre y la mujer tienen tres componentes principales e indivisibles, como sigue: su naturaleza (lo animal), sus hábitos (cómo vive) y su capacidad de hablar (que se convierte en palabra para pensar o razonar). Es el único animal que razona. Pero muchas veces vuelve a su estado primario (animal irracional-lobo de sí mismo).
Según se expone en “La política”, la palabra le da al ser humano el poder de ser deliberativo. Esta es la base del ser político de los ciudadanos: su capacidad de razonar y escoger lo mejor para la convivencia. Las élites del poder han administrado la palabra del pueblo y han segmentado a la población en clases sociales (en la polis) para el provecho de dichas élites (ciudad-Estado), vendiendo e imponiendo la idea de que todo es en beneficio común de la población. Estas ideas afirman que ningún ser humano puede vivir fuera de la comunidad política. Estamos atrapados con una guillotina que es el ordenamiento jurídico, porque nos aplican la ley. Fuera de “la polis” (ordenamiento jurídico-social) no es posible vivir fuera de ella; dentro es necesario ajustarse a las leyes que el pueblo no legisla. Es decir, que la comunidad política trasciende todos los ámbitos de la vida del ser humano (sectores populares). Para los poderosos no aplica, ellos ahora son ciudadanos (planetario). A juicio de los expertos, este modelo político ya está desgastado y obsoleto, ya que a las y los ciudadanos los usan como votantes cada cuatro años. La propuesta es crear un nuevo modelo de una democracia participativa y dejar el de representación y delegación. Porque en la práctica los legisladores se representan a ellos mismos y al capital que les financian sus campañas.
Es importante exponer que, de todos los poderes que existen en la sociedad, el poder político es el más eficaz porque tiene una cobertura totalizadora donde impone su voluntad a la población, ya sea por las buenas o por las malas, porque cuenta con sus fuerzas represivas, que tiene a su disposición 24/7 (ejército, policía, sistema jurídico y cárceles). El poder político les ha fascinado desde los tiempos remotos: faraones, césares hasta nuestros días, porque pueden convertirlo en personal y absoluto como de su propiedad privada. Muchos políticos, ante la disyuntiva entre poder político o la muerte, terminan aplastados por sus propias ambiciones. El último ejemplo es Nicolás Maduro. ¿Será el mismo destino de la codictadura? La búsqueda, la conquista y el mantenimiento del poder político ha fascinado, los ha hechizado, los ha deslumbrado, manteniéndolos en un estado de alucinación a todos los que quieren conquistar el poder político, debido a que brilla con luz propia sobre los otros poderes de la sociedad. Es la máxima expresión de la sociedad organizada políticamente.
Por ese prestigio y atracción que tiene el poder político es que Absalón no dudó en derrocar a su padre, el rey David, según el relato bíblico. El rey David, ante el intento de ser derrocado por su hijo, no lo vio como su hijo, sino como su enemigo político, y no dudó en mandar a su general para eliminar a su rival político. En otro momento, el rey David sufrió otro intento de derrocamiento de otro hijo, como fue Adonías, pero David no lo vio como una amenaza porque contaba con 50 hombres y no un ejército, como sí lo tenía Absalón. Pero cuando Salomón asumió el poder político heredado por su padre, usó a la doncella Abisag para eliminar a Adonías, no importando que eran hermanos. Así evitaba cualquier amenaza de derrocamiento por este.
A Julio César lo apuñalaron un montón de senadores, y a quien consideraba su hijo, Marco Junio Bruto. Según el relato, le dieron 23 puñaladas. Y se le atribuye la frase “Tú también, Bruto”, que significa que, por la conquista del poder político, lo hacen como sea y deja de manifiesto la traición del que consideraba su hijo adoptivo y protegido. Maquiavélico lo resumió siglos después: “El fin justifica los medios”. ¿La traición que le sucedió a Maduro andará rondando en El Carmen? El tiempo nos dirá.
¿ARCE ES UN PRESO POLÍTICO?
Por los argumentos anteriores en este escrito, considero que Bayardo Arce es un preso político. Por su figura histórica y su actividad permanente con la mafia orteguista, conoce muy bien a la bestia por dentro y podría atentar para hacerse del poder con todos los de la vieja guardia del sandinismo. Ya que la dictadura criminal asesinó a Hugo Torres Jiménez y a Humberto Ortega, figuras que bien hubieran pasado por “negociadores” con Washington, ahora es mejor echar preso a cualquiera que mínimamente atente contra el absolutismo demente de Ortega-Murillo. No decimos que Arce estaba fraguando un golpe a la dictadura, porque basta con la mentalidad paranoica pensarlo para proceder a las eliminaciones sistemáticas de todo sospechoso.
Es importante aclarar: Arce no es un preso político Azul y Blanco o autoconvocado y tampoco debe compararse como un preso político Azul y Blanco. El Azul y Blanco es otra categoría y de otra dimensión. Es un preso político porque Rosario lo consideraba un enemigo político y un obstáculo para sus pretensiones de mantener el poder. No lo tiene preso por ladrón, por corrupto, por delincuente, por crimen organizado, por asesino, por mafioso, etcétera, cosas de las que la población opositora lo acusa y que efectivamente es, sino por ser considerado un peligro al proyecto dinástico dictatorial de la familia Ortega-Murillo.
Vale la pena hacer hincapié: la mafia orteguista destruyó el Estado nicaragüense de derecho hasta llevarlo a escombros y hacer de esos escombros una mafia de narcotraficantes, delincuentes y homicidas. En estos pedazos la corrupción campea y operan los partidos colaboracionistas y cómplices del orteguismo. Muchas veces la dictadura echa presos a alcaldes colaboracionistas; nos preguntamos: ¿son o no presos políticos? Los sectores de la oposición denuncian que estos colaboracionistas son parte de la mafia que controla el poder y, por tanto, se vuelven cómplices. Ahora, ¿son o no presos políticos? Recuerden que son liberales y de otros partidos zancudos. Algunos no han caído en desgracia, pero los que han sido desechados fueron parte de la maquinaria de horror, terror y represión, y no levantaron sus voces de protesta en la seudo Asamblea y en las alcaldías que administraban antes de ser desechados y ser puestos en las cárceles.
EN CONCLUSIÓN
En ese mismo orden de ideas, Arce ha sido cómplice, pero, al igual que los políticos colaboracionistas de otros partidos zancudos, no cayó preso por corrupto, sino porque representa un peligro para Rosario Murillo y el proyecto de sucesión dinástica. Así que Arce es un preso político porque la motivación de su encarcelación es política. Aunque no es un preso político Azul y Blanco, es un preso político resultante de la decadencia, contradicciones y proceso de implosión que vive la maltrecha estructura mafiosa orteguista.
Javier Tórrez Bermúdez
Politólogo y teólogo.
17 de febrero de 2026