San Valentín en tiempos de igualdad: repensar el amor más allá del consumo
Cada 14 de febrero, las vitrinas se llenan de corazones, promociones y mensajes que exaltan el amor romántico como centro de nuestras vidas. Pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos: ¿qué idea de amor estamos reforzando?
Desde una mirada de este medio, el amor no es solo un sentimiento privado. Es también una construcción social. Las narrativas que consumimos —en la publicidad, en las redes sociales y en los espacios laborales— moldean expectativas sobre roles de género, cuidado y poder.
Históricamente, a las mujeres se les ha asignado el rol de sostener emocionalmente a los demás: cuidar, escuchar, comprender, adaptarse. En el ámbito organizacional, esta carga también aparece. Son muchas veces las mujeres quienes asumen tareas invisibles: organizar celebraciones internas, mediar conflictos, mantener el “buen clima” laboral.
Repensar el amor en clave feminista no implica rechazarlo, sino ampliarlo. Significa reconocer el valor del autocuidado, la corresponsabilidad y las relaciones basadas en respeto y equidad. Significa también preguntarnos cómo las organizaciones pueden construir culturas laborales donde el cuidado no recaiga siempre en las mismas personas.
En este San Valentín, quizás el gesto más transformador no sea un regalo, sino una conversación incómoda pero necesaria:
¿Cómo distribuimos el poder y el cuidado dentro de nuestros equipos?
¿Qué prácticas refuerzan desigualdades sin que lo notemos?
¿Cómo construimos entornos donde el bienestar sea responsabilidad colectiva?
Hablar de amor también es hablar de justicia.