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Relatos de Artificio: descubrir Costa Rica a través de su música

Hay noches en las que una sale de un concierto recordando una melodía. Otras veces, lo que permanece son las historias que esa música fue capaz de contar.

Eso fue lo que sentí al salir del Teatro Nacional de Costa Rica después de asistir a Relatos de Artificio, el concierto presentado por el Cuarteto de Guitarras de Costa Rica el pasado jueves 30 de julio. Como mujer nicaragüense viviendo en Costa Rica, cada experiencia cultural representa una oportunidad para conocer mejor el país que hoy también forma parte de mi vida. No solo desde sus paisajes o su gastronomía, sino también desde el arte que produce y las personas que le dan vida.

Desde que las luces se apagaron quedó claro que aquella no sería una noche cualquiera.

El escenario reunió al Cuarteto de Guitarras de Costa Rica junto a un cuarteto de cuerdas integrado por dos violines, una viola y un violonchelo. La combinación permitió que las guitarras conservaran su identidad mientras dialogaban con la profundidad de los instrumentos de cuerda, creando una atmósfera íntima que envolvió a todo el teatro.




El Cuarteto de Guitarras de Costa Rica junto al cuarteto de cuerdas durante la presentación de Relatos de Artificio en el Teatro Nacional.

Fotografía: Teatro Nacional de Costa Rica.


Más allá de la calidad interpretativa, hubo algo que hizo especial la velada: cada obra tenía una historia detrás.

Entre una pieza y otra, los músicos compartieron con el público el origen de varias composiciones y aprovecharon para reconocer a los compositores costarricenses que confiaron sus obras al ensamble. Me gustó ese detalle porque permitió entender que detrás de cada partitura existe una persona que decidió convertir sus emociones, recuerdos o experiencias en música.

En una época donde pareciera que todo se consume rápidamente, detenerse a escuchar esas historias hizo que el concierto se sintiera mucho más cercano.

Durante la presentación también recordaron que el Cuarteto de Guitarras de Costa Rica celebra 18 años de trayectoria. En casi dos décadas se ha consolidado como uno de los ensambles de guitarra más importantes del país, llevando su música a diferentes escenarios y apostando por algo que considero fundamental: interpretar y difundir obras de compositores costarricenses.

Ese compromiso también ha quedado plasmado en su discografía. A lo largo de estos años han publicado producciones dedicadas tanto al repertorio universal para cuarteto de guitarras como a obras de compositores nacionales. Es un trabajo que no solo documenta su crecimiento artístico, sino que también ayuda a preservar y dar visibilidad a la música costarricense.

Mientras escuchaba cada interpretación pensaba precisamente en eso: en la importancia de que existan agrupaciones que dediquen tantos años a construir un repertorio propio y a demostrar que Costa Rica también tiene mucho que aportar a la música de concierto.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó cuando Edmundo Núñez tomó la palabra.

Antes de interpretar una de las obras, decidió dedicarla a las dos personas que lo criaron y educaron.

No necesitó un discurso extenso.

Bastaron unas pocas palabras para que toda la sala guardara silencio.

Mientras la música comenzaba a llenar el teatro, pensé en todas esas personas que aparecen en nuestras vidas para enseñarnos, acompañarnos y convertirnos en quienes somos. No siempre son nuestros padres biológicos. Muchas veces son abuelos, tíos, familiares o personas que simplemente decidieron estar ahí cuando más las necesitábamos.

Fue uno de esos momentos donde la música dejó de ser solamente una interpretación para convertirse en un acto de gratitud.


Edmundo Núñez durante uno de los momentos más emotivos del concierto, previo a dedicar una de las obras a las personas que lo criaron y educaron.

Fotografía: Teatro Nacional de Costa Rica.


Como extranjera, también disfruté escuchar un repertorio compuesto por obras de autores costarricenses.

Muchas veces conocemos un país por sus volcanes, sus playas o su gastronomía, pero pocas veces pensamos que su música también habla de su identidad.

Escuchar esas composiciones fue descubrir otra Costa Rica: una que se expresa desde las guitarras, desde las cuerdas y desde la sensibilidad de quienes siguen creando arte en este país.

Sin embargo, hubo algo que no pude dejar de notar durante toda la noche.

Siempre he sentido que la Sala Principal del Teatro Nacional resulta demasiado pequeña para ser el escenario más importante de Costa Rica. Es un edificio hermoso, elegante y lleno de historia, pero también me deja la sensación de que un país con tanta riqueza cultural podría contar con un recinto aún más amplio para este tipo de espectáculos.

Esa percepción aumentó al observar que todavía había bastantes asientos vacíos.

Y eso me hizo reflexionar.

No porque el concierto careciera de calidad. Todo lo contrario. La interpretación fue impecable, el repertorio estuvo cuidadosamente seleccionado y la conexión con el público fue evidente de principio a fin.

Entonces, ¿por qué todavía había tantos espacios libres?

Quizá hace falta acercar a más personas a la música de concierto. Quizá seguimos creyendo que solo vale la pena asistir cuando llega una producción internacional. O quizá muchas personas simplemente desconocen el enorme talento que existe entre los músicos costarricenses.

Apoyar la cultura también significa llenar las salas cuando quienes suben al escenario son artistas nacionales.




La fachada del Teatro Nacional de Costa Rica iluminada al finalizar el concierto Relatos de Artificio.



Salí del Teatro Nacional con una sensación que iba mucho más allá de haber escuchado un excelente concierto.

Me fui con la satisfacción de conocer un poco más sobre la música costarricense, sobre los compositores que continúan escribiendo nuevas obras y sobre un cuarteto que, después de 18 años de trayectoria, sigue demostrando que la guitarra puede contar historias tan profundas como cualquier palabra.

Como mujer nicaragüense, agradezco encontrar espacios donde el arte permite tender puentes entre culturas. Porque al final, la música no entiende de fronteras.

Entiende de emociones.

Y Relatos de Artificio logró exactamente eso: recordarnos que las mejores historias no siempre se leen.

A veces, simplemente se escuchan.


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