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¿Ser periodista significa ser influencer? La confusión entre informar e influir



Hace poco tuve una conversación que me dejó pensando en algo que, aunque parece sencillo, cada vez resulta más difícil de definir: ¿qué diferencia a un periodista de un influencer?

La pregunta surgió a partir de una idea que he escuchado en más de una ocasión: hay personas que se consideran influencers y que, por el hecho de tener una audiencia en redes sociales, también creen que eso las convierte en periodistas.

Pero ¿realmente es así?

La respuesta, al menos para mí, no es tan simple.

Durante mucho tiempo, entendí el periodismo como una profesión relacionada con la búsqueda de información, la investigación, la verificación de datos, la consulta de fuentes y la responsabilidad de comunicar hechos que pueden ser de interés para la sociedad.

El influencer, en cambio, suele entenderse como una persona que construye una comunidad alrededor de su personalidad, sus intereses, su estilo de vida, sus conocimientos o sus opiniones, y que tiene la capacidad de influir en las decisiones, percepciones o comportamientos de quienes la siguen.

Sin embargo, las redes sociales han hecho que estas categorías comiencen a mezclarse.

Hoy un periodista puede tener miles de seguidores en Instagram, hacer videos para TikTok, hablar frente a una cámara, construir una marca personal y colaborar con empresas. También puede tener una comunidad que confía en su criterio y que toma decisiones a partir de sus recomendaciones.

Entonces surge otra pregunta: ¿en qué momento un periodista se convierte en influencer?

Y, más importante todavía: ¿es necesario convertirse en influencer para hacer periodismo en la era digital?

Una reflexión personal

Esta discusión también me llevó a pensar en mi propio trabajo.

Soy periodista y comunicadora, y también hago contenido digital. Tengo un proyecto propio, publico artículos, creo contenido para redes sociales y trato de construir una comunidad alrededor de temas que considero importantes.

Sin embargo, nunca me he considerado influencer.

Quizás porque, cuando pienso en esa palabra, inmediatamente pienso en alguien que tiene una gran capacidad para influir en las decisiones de su audiencia. Alguien cuyas recomendaciones pueden hacer que una persona compre un producto, visite un lugar, cambie de opinión o adopte una determinada tendencia.

Y yo no siento que tenga ese nivel de influencia.

Pero, pensándolo mejor, quizás ahí está precisamente el problema: he entendido la palabra “influencer” de una manera demasiado limitada.

Porque influir no necesariamente significa tener millones de seguidores ni conseguir que miles de personas compren algo porque lo recomendé.

La influencia también puede ser mucho más pequeña y, al mismo tiempo, significativa.

Puede ser que una persona lea un artículo y se cuestione algo que nunca había pensado.

Puede ser que alguien vea un video y descubra una realidad que desconocía.

Puede ser que una historia le ayude a comprender mejor la experiencia de otra persona.

Puede ser, incluso, que alguien cambie su manera de mirar un tema después de consumir un contenido.

Si eso también es influencia, entonces probablemente todos los periodistas que logran generar una reacción en su audiencia están influyendo de alguna manera.

Pero eso no necesariamente los convierte en influencers.

Informar también es influir

Aquí creo que aparece una distinción importante.

El periodismo puede tener influencia, pero su objetivo no debería ser simplemente influir.

Un periodista puede contar una historia que genere una conversación. Puede publicar una investigación que provoque cambios. Puede cuestionar una decisión política o poner sobre la mesa un problema que estaba siendo ignorado.

Todo eso tiene un impacto.

Pero el propósito fundamental sigue siendo informar.

El influencer, por otro lado, puede construir su trabajo precisamente sobre su capacidad de influencia. Su personalidad, su criterio y su relación con la audiencia forman parte central del contenido que produce.

Por eso creo que no deberíamos confundir tener influencia con ser influencer.

Un periodista puede influir sin identificarse como influencer. Y una persona puede ser influencer sin hacer periodismo.

¿Y qué pasa con los creadores de contenido?

Aquí la discusión se vuelve todavía más interesante.

La palabra “creador de contenido” es probablemente una de las más amplias que existen actualmente.

Un creador de contenido puede ser periodista, comunicador, fotógrafo, educador, comediante, artista, empresario o simplemente una persona que comparte sus experiencias en internet.

Por eso, decir que alguien crea contenido no nos permite saber necesariamente qué tipo de trabajo realiza.

El problema aparece cuando asumimos que tener una cámara, una cuenta en redes sociales y seguidores es suficiente para ejercer el periodismo.

No lo es.

El periodismo implica una serie de responsabilidades y prácticas que van más allá de publicar información en internet.

Investigar, verificar, contrastar fuentes, contextualizar y distinguir entre información y opinión siguen siendo elementos fundamentales, aunque el contenido se publique en un periódico, un sitio web, un podcast, Instagram, YouTube o TikTok.

Las plataformas pueden cambiar.

La responsabilidad periodística no debería desaparecer con ellas.

Quizás el debate no debería ser quién es influencer y quién es periodista

En lugar de preguntarnos constantemente si un periodista es también influencer, quizás deberíamos hacernos una pregunta diferente:

¿Qué responsabilidad tiene una persona cuando utiliza su influencia para comunicar información?

Porque hoy cualquier persona puede tener una audiencia.

Y esa audiencia puede ser pequeña o enorme.

Una persona con 500 seguidores puede tener una influencia importante dentro de su comunidad. Alguien con millones de seguidores puede tener una influencia masiva.

Pero la cantidad de seguidores no determina la calidad de la información.

Tampoco determina quién es periodista.

Quizás mi propia experiencia me ha hecho entender algo que antes no veía con claridad: tal vez sí tengo cierta influencia y simplemente nunca me había pensado como una influencer.

Pero eso no cambia mi manera de entender mi trabajo.

Si alguna persona llega a cuestionarse algo después de leer un artículo de Desde mi lente, si una historia le permite comprender una realidad diferente o si una publicación le genera una conversación, entonces mi contenido ya tuvo algún tipo de impacto.

Y eso, para mí, es suficiente.

No necesito asumir la etiqueta de influencer para reconocer que comunicar también implica influir.

Lo importante es entender desde dónde ejercemos esa influencia y qué responsabilidad asumimos al hacerlo.

Porque quizás la verdadera diferencia no está en cuántos seguidores tenemos.

Está en qué hacemos con la atención que conseguimos.

Y, sobre todo, en qué hacemos con la confianza que otras personas depositan en nosotros.


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