Cuando la esperanza también tiene nombre: una mirada a “¿Y la esperanza?”
El jueves 27 de agosto, el escenario de Lobo Mestizo, en el centro de San José, se convirtió en un espacio para hablar de migración, exilio y de las dificultades que acompañan a quienes dejan Nicaragua para intentar construir una nueva vida en Costa Rica.
“¿Y la esperanza?” sigue el encuentro entre un periodista y otra persona cuyo nombre, Esperanza, se convierte también en un juego de palabras con la propia idea de tener esperanza. A partir de este encuentro, la obra presenta las experiencias de dos personas migrantes que viajan de Nicaragua a Costa Rica y que, una vez en el país, deben enfrentarse a distintas dificultades relacionadas con su condición de migrantes y, especialmente, de exiliados.
La obra juega constantemente con el significado de la palabra esperanza. No se trata solamente del nombre de un personaje, sino de una emoción que acompaña a quienes abandonan su país y llegan a un lugar nuevo con la expectativa de encontrar mejores oportunidades, aun sabiendo que el camino no necesariamente será sencillo.
Uno de los aspectos que más destaca es la manera en que la puesta en escena consigue desarrollar diferentes momentos sin depender de una escenografía compleja. La iluminación tiene un papel importante para marcar los cambios de escenario, mientras que la música y los sonidos acompañan las acciones, los desplazamientos y los lugares hacia los que se dirigen los personajes.
El vestuario también funciona como parte de la narración. Los cambios permiten marcar el paso del tiempo y, en determinados momentos, diferenciar personajes y situaciones. Son elementos que, aunque podrían parecer pequeños, ayudan a que el público siga los cambios dentro de la historia.
La obra había sido pensada originalmente para contar con tres personas sobre el escenario, pero en esta función solamente participaron dos debido a que la tercera persona no pudo presentarse. Uno de los actores fue Jeffrey Lara, y ambos intérpretes forman parte del colectivo teatral La Marimba. A pesar de esta modificación, los actores lograron sostener la historia y mantener la atención del público durante la presentación.
Otro elemento que me llamó particularmente la atención fue la composición del público. La mayoría de las personas presentes eran jóvenes, aunque también había espectadores de otras edades. Me pareció algo positivo, especialmente porque no todos los espacios logran acercar a las nuevas generaciones al teatro y a otras expresiones artísticas.
La presencia de un público joven también demuestra que existe interés por conocer historias que abordan temas sociales desde otras formas de expresión. En este caso, la migración y el exilio dejan de ser solamente conceptos que aparecen en las noticias y pasan a convertirse en experiencias representadas sobre un escenario.
Si tuviera que señalar algo que me hubiera gustado diferente, sería la duración. Me habría gustado que la obra fuera un poco más larga. Sin embargo, quizá esa misma brevedad sea parte de su encanto: la historia consigue disfrutarse tanto que, cuando llega el final, queda la sensación de que pasó demasiado rápido.
“¿Y la esperanza?” utiliza una historia de migración y exilio para hablar también de aquello que permite continuar cuando el camino se vuelve difícil. Con una puesta en escena apoyada en dos actores, iluminación, sonido, música y vestuario, la obra consigue construir distintos espacios y momentos sin necesidad de grandes recursos escenográficos.
Y quizás lo más interesante es que, al terminar, la pregunta del título permanece más allá del escenario: ¿y la esperanza? Una pregunta que no solamente pertenece a los personajes, sino también a quienes alguna vez tuvieron que dejar atrás lo conocido para comenzar de nuevo en otro lugar.

